EL ALIENTO DE UN MAESTRO RURAL (1)
Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, Bertrand Tavernier, 1999)

«La duración de un relato es como la de un sueño. No decidimos ni el momento en que nos dormimos ni en el que nos despertamos. Y sin embargo avanzamos, continuamos. Quisiéramos hacer un gesto, tocar al personaje, mimarlo, cogerle la mano por ejemplo. Pero nos quedamos ahí, sin hacer nada. Habrá pasado toda la vida, y no habremos hecho nada»

Daniel Lefevre (Philippe Torreton)

A Louis Sclavis y Bertrand Tavernier les acercó el jazz, además de la coincidencia de ser ambos naturales de Lyon. La afición del cineasta se había puesto de manifiesto en Alrededor de la medianoche (‘Round midnight, 1984), retrato de un viejo saxofonista en las postrimerías de su vida que encarnó Dexter Gordon, y cuya banda sonora firmó Herbie Hancock. Además, la relación entre Dale Turner (el propio Gordon haciendo de sí mismo) y Francis Borler (François Cluzet) estaba basada en la amistad real entre Bud Powell y Francis Paudras. Y Sclavis gozaba de prestigio y laureles[2] cuando en 1999 el realizador le encarga la partitura de Hoy empieza todo. En ese mismo año graba Suite africaine con Aldo Romano y Henri Texier, segundo álbum del trío, tras Carnet de routes (1995), que volverá a reunirse una década más tarde para concebir African flashback (2005). Pero la colaboración entre él y el director se ha prolongado, hasta la fecha, en dos títulos más: el documental Histoires de vies brisées: les 'double peine' de Lyon (2001) y la música, a instancias de Tavernier, para Dans la nuit, un film mudo dirigido por Charles Vanel en 1929, que restauró la Cinémathèque Française. Éste trabajo lo editó el sello ECM en 2002 [3].

Dos creadores a los que une un tercer aspecto en común, su inconformismo. Sclavis en su vocación de experimentador, de creador ajeno a las modas, aunque sin olvidar tampoco las raíces, dejándose seducir por los ritmos africanos o la música popular de su país. Y Tavernier porque, además de su talento como narrador, es uno de los pocos de su generación que conserva intacto el espíritu contestatario[4]. A veces con afiladas mirandas al pasado de su país -La vida y nada más (La vie et rien d'autre, 1989), La guerre sans nom (1991), Capitan Conan (Capitaine Conan, 1996)-, otras con incisivas críticas a la sociedad actual, caso de La Muerte en directo (La mort en direct, 1980), Ley 627 (L. 627, 1992), La carnaza (L'appât, 1994) o La pequeña Lola (Holy Lola, 2004), cuya partitura firmó Henri Texier y en la que Sclavis participó como intérprete.


Hoy empieza todo
Ese parece ser el deseo instintivo en cada amanecer de Daniel Lefevre (Philippe Torreton)[5] director de una modesta escuela infantil situada en una pequeña localidad de una zona minera del norte de Francia devastada por el desempleo y la penuria. Un nuevo día supone para el docente afrontar una extenuante jornada de lucha contra el constante flujo de conflictos que convergen en el centro. Porque el empeño de Lefevre, un hombre honesto que defiende la dignidad y la igualdad de derechos, es hacer que las cosas funcionen. Por ello, a su quehacer como enseñante, quizá su tarea más grata del día, se une la labor directiva que le desborda más allá de los límites que le exige el puesto, viéndose en numerosas ocasiones obligado a ejercer de mediador, de protector o de asistente social porque una madre alcohólica acuciada por las deudas y amenazada de desahucio ha abandonado a sus hijos en el colegio o porque hay familias cuya precariedad económica no les da siquiera fuerzas para llevar a sus vástagos al parvulario, cuando no se enfrenta a casos de malos tratos, de desnutrición infantil o de delincuencia juvenil.

Pero la cruzada de Lefevre traspasa los muros de la escuela en su combate contra la indiferencia y falta de apoyo de las autoridades locales y la administración estatal hacia la educación y la asistencia social, llegando a convertirse en un ser molesto para unos burócratas más preocupados en proteger sus intereses. A ello se unen los problemas personales del protagonista con el hijo de su compañera sentimental, Valéria (Maria Pitarresi) habido de una relación anterior o el amor/odio que siente por su anciano padre, un minero jubilado con el que apenas tiene comunicación alguna.

Empleando estrategias del cine documental, Tavernier orquesta una lúcida radiografía social dejando al mismo tiempo espacio para la improvisación gracias a la solidez del guión, escrito junto con su hija Tiffany y Dominique Sampiero, antiguo director y maestro de escuela reconvertido en escritor y guionista, que aportó su experiencia personal. De ahí la idoneidad de la música de Sclavis que se integra a la perfección en una trama que funciona en muchos instantes como una pieza jazzística. Porque la mayor parte de los padres y los niños de la historia son los propios habitantes del lugar que padecen en sus carnes las mismas adversidades que se muestran en la pantalla. La cámara, la mayor parte del tiempo en mano, se introduce en las aglomeraciones que se forman a la salida del colegio, captando los diálogos entre progenitores y maestros sobre los pormenores escolares de sus hijos. Pero también se infiltra en las reuniones del equipo docente, en la propia clase de Lefevre mostrando su entrega y pasión o en los encuentros entre los directores de los colegios y los funcionarios administrativos en los que afloran las críticas del protagonista.


Jazz y fanfarria

Improvisación en beneficio de verosimilitud. Espíritu que, además de la excelente interpretación de Torrenton que se mueve con soltura entre los ocasionales actores, enfatiza la propia música de Sclavis marcando con precisión los diferentes niveles de intensidad emocional del relato. Una banda sonora no sólo acorde con el carácter espontáneo del film, sino porque el músico concibe un conjunto de cadencias armónicas en las que combina jazz y tradición popular, en concreto la fanfarria, característica de las bandas locales. Pero Sclavis distingue dos tipologías: los fragmentos puramente jazzísticos, los interpretados con su grupo y que reserva, en su mayoría para las vivencias del protagonista, como el titulado A plein air, que enlaza la secuencia de la vuelta de Lefevre y Valérie tras celebrar el aniversario de ella, con imágenes de una excursión en el campo de él y sus alumnos; o Lumière, una melodía intimista, a tempo lento, trazada por el clarinete y que envuelve la escena en la que, durante un paseo por la campiña, Valérie regala una pluma estilográfica al protagonista, dedicado a la escritura en los escasos ratos libres que le deja su trabajo.

Piezas combinadas con otras melodías casi atonales en forma de canon, y con un ritmo mayor, caso de Sourde colère amplificando la espera de los padres a que abran las puertas del colegio; o L’entrance ethnique en el momento en el que el que uno de los progenitores, por iniciativa del protagonista, explica el funcionamiento de su camión-grúa al grupo de niños. Fragmentos que adquieren un hálito más festivo en el titulado La photo de clase que interpreta la Banda Municipal de Anzin, villa donde se desarrolla el film, cuando se inician los preparativos con el objetivo de cambiar el aspecto del centro. Acción que le propone Valérie a un Lefevre lleno de dudas y a punto de claudicar ante el cansancio que le provoca el incesante cúmulo de adversidades. Entonces, con la implicación de los críos, la superficie del patio se transforma en un laberinto de botellas llenas con tintes de colores o el gimnasio se cubre con arena, transfigurándose en una suerte de desierto con las jaimas que fabrican maestros y alumnos de forma artesanal. Transición subrayada con el paulatino cambio de rumbo que adquiere la música de Sclavis con la presencia, cada vez más creciente, de la banda municipal que se encarga de animar el evento escolar, ya convertido en una celebración multitudinaria. La agrupación, manteniendo las estructuras compositivas, vuelve a interpretar algunos de los temas que han sonado de la mano del grupo de Sclavis a lo largo del metraje, caso del tema principal, Ça commence aujourd'hui, que acompaña a los títulos de crédito iniciales, incrementando el ambiente festivo. Pero sobre todo, la idea de que aún existe un lugar para esperanza.

CARLOS TEJEDA
[1] Artículo publicado en la revista CUADERNOS DE JAZZ nº 116, Enero/Febrero de 2010, págs. 34-39.

NOTAS
[2] Louis Sclavis (nacido en 1953) ha obtenido varios galardones: el premio Django Reinhardt al Mejor Músico de Jazz Francés en 1988, primer premio al Mejor creador europeo en la Bienal de Barcelona en 1989 o el British Jazz Award 90/91.

[3] Sclavis ha compuesto bandas sonoras para diversos documentales. Amos Gitai utilizó el tema Mariage perteneciente al álbum Clarinettes (1985) para su film Kadosh (1999), además de volver a contar con él clarinetista para Algún día comprenderás (Plus tard, tu comprendras, 2008).

[4] Cuando Tavernier, nacido en 1941, afronta el rodaje de Hoy empieza todo cuenta con 58 años de edad. Le han seguido nuevos films como Salvoconducto (Laissez-passer, 2002); La pequeña Lola (Holy Lola, 2004) o In the Electric Mist (2009) protagonizada por Tommy Lee Jones y John Goodman. Incluso Tavernier, a diferencia de otros cineastas, realiza su primer largometraje
con 32 años, edad algo tardía: El relojero de Saint Paul (L'horleger de Saint Paul, 1973).

[5] Philippe Torreton (Rouen, 1965) ha participado en otros títulos del cineasta como los citados Capitan Conan, encarnando al protagonista que da título al film, Ley 627 y La carnaza.

Ficha técnica
Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, 1999)
Dirección: Bertrand Tavernier.
Producción: Frédéric Bourboulon y Alain Sarde.
Guión: Dominique Sampiero, Bertrand Tavernier, Tiffany Tavernier.
Fotografía: Alain Choquart.
Música: Louis Sclavis.
Dirección artística: Thierry François.
Montaje: Sophie Brunet.

Reparto
Philippe Torreton (Daniel Lefebvre), Maria Pitarresi (Valeria), Nadia Kaci (Samia Damouni), Véronique Ataly (Sra. Lienard), Nathalie Bécue (Cathy), Emmanuelle Bercot (Sra. Tievaux), Françoise Bette (Sra. Delacourt ), Christine Citti (Sra. Baudoin), Christina Crevillén (Sophie), Sylviane Goudal (Gloria), Didier Bezace (Inspector), Betty Teboulle (Sra. Henry), Gérard Giroudon, Marief Guittier, Daniel Delabesse, Jean-Claude Frissung, Thierry Gibault, Philippe Meyer, Gerald Cesbron, Michelle Goddet, Stefan Elbaum, Nathalie Desprez.

Músicos
Louis Sclavis (Cl, st), François Raulin(p), Bruno Chevillon (contabajo), Yves Robert (tb), Jean-François Canape (tp), Jean-Louis Matinier (Acordeón), Vincent Courtois (Violoncello), Christophe Marguet (bat). Y la Banda Municipal de Anzin dirigida por Jean Pepeck.