RETRATO DE UN REBELDE
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La soledad del corredor de fondo (The loneliness of the distance runner, Tony Richardson, 1962)

Si hubo un personaje que representó el inconformismo del Free Cinema ese fue Colin Smith. Creado por Allan Sillitoe, encarnado por Tom Courtenay y filmado por Tony Richardson, personificaba el espíritu contestatario de una generación que se rebelaba contra una encorsetada sociedad como la británica y sus anquilosadas convenciones sociales.

La cámara sigue a Colin (Tom Courtenay)[2] de espaldas, mientras corre por el arcén de una carretera secundaria. Al mismo tiempo, su voz en off se confiesa al espectador: «En nuestra familia siempre hemos corrido. Sobre todo huyendo de la policía. Es difícil de entender. Sólo sé que hay que correr, sin saber por qué, por el campo y el bosque. Ser el ganador no es el final, aunque la gente anime hasta quedarse extasiada. Esa es la soledad del corredor de fondo». Soledad en la que Colin se encuentra sí mismo, reflexionando sobre su vida, sus frustraciones o sus anhelos. Porque el joven interno va a representar al reformatorio en una competición deportiva, ésa que desea ganar su director (Michael Redgrave)[3] por una cuestión de prestigio. Colin posee buenas facultades físicas y, poco a poco, se percatará del poder que éstas le confieren frente al rector. Aunque sólo sea temporalmente. Porque La soledad del corredor de fondo es un retrato sobre la rebeldía, la de una juventud sin esperanza y en contra las anquilosadas convenciones sociales. Esa que, como el protagonista, pertenece a la clase social más desfavorecida. Colin es el mayor de sus hermanos. Su enfermo padre acaba falleciendo. Y al poco tiempo, su madre permite la entrada en el hogar a su amante, un individuo por el que Colin siente animadversión. Con su amigo, Mike (James Bolan), deambula hacia ninguna parte cometiendo pequeños hurtos de vez en cuando. Porque no desea una vida como la de su extinto progenitor -«No es que no quiera. Es que no me gusta la idea de matarme para que los jefes se beneficien» dice en un momento dado-. Y con Mike conquista a dos chicas, escapándose los cuatro un fin de semana a la playa en lo que supone un soplo de aire fresco fuera de la grisura diaria del suburbio.

Richardson muestra a través de flashbacks algunos de los pensamientos de Colin mientras se entrena por los alrededores del correccional. Estrategia que alcanzará una gravedad mayor en las secuencias finales, cuando el joven corredor ha dejado atrás a sus rivales y se aproxima a la meta. Es en esos momentos en los que hace un repaso mental de sus recuerdos, palabras e imágenes vividas en familia, en sus correrías callejeras, en su enfrentamiento a las autoridades o en la relación con sus compañeros internos. Evocaciones que el cineasta va alternando en tiempo real con la propia carrera y que imprimen una mayor tensión al film. Intensidad que alcanza su punto de inflexión en el cruce de miradas entre el director del reformatorio y el atleta cuando éste deja de correr y se detiene a sólo unos metros del final permitiendo que sus competidores ganen la prueba. Al fondo, los ensordecedores gritos del público. Tan solo una victoria moral y pasajera, un acto en el que Colin lleva a la práctica su consigna de «no me gusta la idea de matarme para que los jefes se beneficien», aunque con ello no cambien las cosas. De hecho, en la secuencia siguiente, Richardson muestra al insurrecto corredor en el taller, fabricando máscaras de gas, como uno más entre sus compañeros de reformatorio. ¿No serán acaso esos objetos una metáfora sobre esa asfixiante sociedad que acaba devorando a sus propios “hijos”?

El Free Cinema
Pero La soledad del corredor de fondo no sólo es uno de los títulos más representativos del Free Cinema sino que incluso la figura del protagonista, más allá de encarnar el espíritu del movimiento, fue también, y en cierto modo, un presagio de su futuro. Pero antes el principio...

Como otros coetáneos europeos, el Free Cinema promulgaba una renovación del cine rechazando los cánones tradicionales y comerciales al uso. Influenciados por la escuela documentalista inglesa de los años 30, sus historias están protagonizadas por personajes marginales a la vez que eran críticas contra una sociedad anquilosada en sus viejas costumbres. Oficialmente, el Free Cinema nace en el British Film Institute en febrero de 1956, con la proyección de tres cortometrajes de carácter documental -O Dreamland (Lindsay Anderson, 1953), Momma don’t allow (Tony Richardson y Karel Reisz, 1955) y Together (Lorenza Mazetti 1955)-, y la posterior lectura de su manifiesto.

Pero el Free Cinema acabará vinculado a los Angry Young Men (Jóvenes airados), corriente formada por escritores y autores teatrales entre los que se encontraban John Osborne y con los que, en cuanto a la actitud y la temática de sus obras, coincidía plenamente. De hecho, no sólo el citado Osborne y Tony Richardson fundan su propia productora, la Woodfall, en la que, contando con la aportación económica de Harry Saltzman[4], ruedan Mirando hacia atrás con ira (Look back in the anger, 1959), obra teatral que daría a conocer al primero y que dirigió el segundo; sino que la mayoría de las películas del movimiento se basan en obras de éstos escritores que, además, se encargan de las adaptaciones: Allan Sillitoe transcribe su propio relato en Sábado noche, domingo mañana (Saturday Night and Sunday Morning, Karel Reisz, 1960) haciendo después lo propio con La soledad del corredor de fondo; al igual que Shelagh Delaney con Sabor a miel (A taste of honey, Richardson, 1961) o David Storey con El ingenuo salvaje (The sporting life, Lindsay Anderson, 1963), por citar algunos ejemplos[5].

Es decir, y volviendo a la premisa anterior: como Colin, el protagonista de la película, los jóvenes airados se rebelan contra el sistema. Si el atleta decide perder la carrera como forma de protesta, los cineastas hacen la suya filmando la situación marginal de la sociedad más desfavorecida. Pero la insurrección acaba transformándose en integración: si Colin termina en el taller del reformatorio, muchos de estos directores acabarían introduciéndose dentro de la industria, incluso en Hollywood, abandonando las reivindicaciones del movimiento[6].


La música
Sea como fuere La soledad del corredor de fondo puso de manifiesto el talento de Richardson para la puesta en escena así como el equilibrado uso de la banda sonora en la que se pueden distinguir dos partes bien diferenciadas. Por un lado las diversas variaciones orquestales del himno Jerusalem [7], leit motiv presente a lo largo del metraje y cuya versión coral interpretan los internos del reformatorio después de asistir a un trasnochado espectáculo que el director ha organizado. Este elemento sirve a Richardson para recalcar el aliento anticuado que aún exhala la institución, ya que las actuaciones van de un grotesco imitador de cantos de pájaros a una anacrónica cantinela que interpreta una pareja de ancianos.

Como contraposición, los momentos puramente jazzísticos que coinciden únicamente con las secuencias de los entrenamientos de Colin en el bosque. El jazz, por ese aspecto novedoso y trasgresor que conlleva, subraya, si cabe aún más, la actitud rebelde, así como esa sensación de libertad, que el protagonista experimenta durante sus carreras campo a través. Secuencias acentuadas por distintos temas que navegan por aires bop pero con ciertas influencias de los sonidos de Nueva Orleans que marca la trompeta solista de Pat Halcox, acompañada en la sección rítmica por una guitarra –en ocasiones es un piano-, un bajo y una batería. De hecho, Halcox como Bill Bramwell o Dick Smith, también intérpretes de estos fragmentos, se curtieron en orquestas inglesas cultivando el dixieland, entre otros estilos.

Entre medias, breves segmentos musicales que van salpicando distintos momentos de la trama: desde estructuras con ciertos aires de music hall –cuando Colin y su amigo roban un automóvil- a otras que discurren cercanas al easy listening y que acompañan a la familia al hacer sus compras después de cobrar un seguro del fallecido progenitor.

Pero si hay una imagen icónica de la película es precisamente ésa que define a la perfección su sugerente título. Da igual que sea cualquiera de las diversas secuencias de Colin en el campo: corriendo, brincando, incluso danzando; o revoloteando sobre las hojas caídas; o bien quitándose el barro de las zapatillas. Son, simplemente, las imágenes de una libertad, aunque sea temporal.

CARLOS TEJEDA
(1) Artículo publicado en la revista CUADERNOS DE JAZZ, nº 110, enero/febrero de 2009, pp. 44-49.

NOTAS

[2]Tom Courtenay (1937), a pesar de ser uno de los rostros más representativos del Free Cinema, no se prodigó demasiado en el cine ya que, desde los años setenta, se dedica principalmente al teatro. Aún así, tras debutar en el cine, precisamente con La soledad del corredor de fondo protagonizó títulos como Billy el embustero (Billy Liar, John Schlesinger, 1963), Rey y patria (King and country, Joseph Losey, 1964), Doctor Zhivago (David Lean, 1965), La noche de los generales (The night of the generals, Anatole Litvak, 1967), etc.

[3] Sir Michael Redgrave (1908-1985) fue uno de los actores más respetados del cine y el teatro inglés. Entre sus películas destacan Alarma en el expreso (The Lady vanishes, Alfred hitchcock, 1938), Al morir la noche (Dead of night, Sketche dirigido por Alberto Cavalcanti, 1945 y en el que interpreta al ventrílocuo), Secreto tras la puerta (Secret beyond the door, Fritz Lang, 1948), La importancia de llamarse Ernesto (The importance of being Earnest, Anthony Asquith, 1952), Mr. Arkadin (Orson Welles, 1955), Suspense (The innocents, Jack Clayton, 1961), El soñador rebelde (Young Cassidy, Jack Cardiff, 1964), The hill (Sydney Lumet, 1965), El mensajero (The go-between, Joseph Losey, 1971), etc.

[4] Harry Saltzman (1915-1994) produjo además El animador (The entertainer, Tony Richardson, 1960) o Sábado noche, domingo mañana (Saturday Night and Sunday Morning, Karel Reisz, 1960) con la Woodfall, pero su nombre es conocido, sobre todo, porque junto a Albert Brócoli, fue el productor de los primeros títulos de la serie de James Bond.

[5] Herederos del espíritu del Free Cinema, sobre todo en cuanto al interés por mostrar las realidades sociales, son Ken Loach o Mike Leigh.

[6] Prueba de ello son algunos títulos como Tom Jones (1963), La última carga (The carge of the light brigade, 1968), Ned Kelly (1970) o El Hotel New Hampshire (The hotel New Hampshire, 1984) de Tony Richardson; Nieve que quema (Who’ll stop the rain, 1978) o La mujer del teniente francés (The french Lieutenant’s woman, 1981) de Karl Reisz; Lejos del mundanal ruido (Far from madding crowd, 1967), Cowboy de medianoche (Midnight cowboy, 1969) o Como plaga de langosta (The day of the locust, 1975) de John Schlesinger; etc.

[7] La letra de Jerusalem es de William Blake (1757-1827) y aparece como prefacio a su libro Milton: un poema (1804). La música fue compuesta en 1916 por Hubert H. Parry (1848-1918) convirtiéndose en un himno muy popular. De hecho forma también parte de la banda sonora de Carros de fuego (Chariots of fire, Hugh Hudson, 1981).

Ficha técnica y artística
La soledad del corredor de fondo (The loneliness of the long distance runner, 1962)
Director: Tony Richardson
Productores: Tony Richadson y Michael Holden.
Guión: Allan Sillitoe, basado en su novela homónima.
Fotografía: Walter Lassally.
Música: John Addison.
Dirección artística: Ralph Brinton y y Ted Marshall.
Montaje: Anthony Gibbs.
Intérpretes: Tom Courtenay (Colin Smith), Michael Redgrave (Director del reformatorio), James Bolan (Mike), Avis Bunnage (Sra. Smith), Alec McCowen (Brown), Julia Foster (Gladis), Topsy Jane (Audrey), Joe Robinson (Roach), Peter Madden (Mr. Smith), James Fox (rival de Colin).

Músicos
Pat Halcox (t)
Bill Bramwell (g)
Dick Smith (b)
Danny Craig (d)