CRÓNICA SOMBRÍA DE UN SUPERVIVIENTE (1)
El prestamista (The pawnbroker, Sidney Lumet, 1965)

Desoladora historia de un atormentado y arisco prestamista judío superviviente del holocausto nazi, El prestamista es una aguda mirada sobre la soledad y la culpa. Al mismo tiempo es un incisivo retrato de la marginación, esa que transita diariamente por el mostrador de la casa de empeños. Todo ello acentuado con las notas compuestas por Quincy Jones, quien se rodeó de músicos de la talla de Freddie Hubbard, J.J. Johnson o Elvin Jones.

Sydney Lumet era un realizador especializado en adaptar obras de teatro realista para la televisión(2) cuando rueda su primer largometraje: Doce hombres sin piedad (Twelve angry men, 1957), marcando el comienzo de una sólida carrera cinematográfica(3). Pero es su actividad televisiva la que le sitúa dentro de esa generación de directores formados en la televisión que surge en la década de los cincuenta, entre los que se encontraban cineastas de la talla de Robert Altman, Martín Ritt o John Frankenheimer entre otros. Por otro lado, los aspectos intrínsecos que ofrece el medio televisivo permite a estos realizadores llevar a la práctica sistemas de producción alternativos a la industria Hollywoodense, que ve como disminuyen sus ingresos en taquilla. Así mismo, y a pesar de sus diferencias en cuanto a ideario, tendrán ciertos puntos en común con los cineastas independientes: el interés por historias realistas protagonizadas por personajes corrientes, que al mismo tiempo les sirve para tratar, con voluntad de denuncia, los diferentes problemas sociales.


Retrato de la soledad
El prestamista (The pawnbroker, 1965) es uno de los títulos más sobresalientes de Lumet. Ya la apertura del filme presenta metafóricamente el frágil estado emocional del protagonista: un matrimonio con sus hijos disfruta un idílico día en el campo, al lado de un río. Es la evocación de un maduro Sol Nazerman (Rod Steiger) que la siguiente secuencia lo muestra recostado sobre una tumbona, en el jardín particular de la casa perteneciente a su cuñada, en una urbanización que simboliza el espíritu del American Way of Life. Ésta le pregunta, en medio de una cierta frivolidad, si los acompaña por un viaje a Europa, continente que su marido ensalza afirmando: «Siglos de historia de los que nosotros carecemos. Yo diría que se puede oler la diferencia» a lo que responde un afligido Nazerman: «Mas que olor es hedor, sino recuerdo mal». El plano consecutivo es el propio Nazerman conduciendo su coche hacia el barrio de Harlem, donde regenta su sombría casa de empeños.

A partir de ahí, Lumet irá mostrando minuciosamente el naufragio emocional del prestamista, un judío hosco e impasible cuya grisácea realidad está empañada por el doloroso recuerdo de su paso por los campos de concentración nazis, donde pereció su familia. Desde entonces, anquilosado en un sentimiento de culpabilidad por el hecho de ser el único superviviente de su estirpe, -no permite a Ortiz, su ayudante hispano, cambiar la hoja del calendario que muestra el día que se cumple el 25 aniversario de la muerte de su mujer-, vive como un autómata entre las paredes de su umbrío negocio y las visitas semanales a Tessie -una viuda cuyo marido sucumbió en el exterminio-, con quien tiene encuentros sexuales carentes de emoción alguna y que vive con su padre enfermo, Mendel (Baruch Lumet, el padre del realizador) que, en un momento dado, recrimina a Nazerman: «Yo también estuve en Auschwitz, pero salí vivo. Tu saliste muerto» para poco después, espetarle «Un superviviente cobarde ¿merece la pena?. Sin amor, sin compasión ni piedad. ¡Sol Nazerman sólo eres un cadáver que se mantiene en pie!». Incluso el estoicismo del comerciante hará que su negocio sirva de tapadera a Rodríguez (Brock Peters), un hampón que tiene controlado las casas de juegos y los prostíbulos del barrio

Pero El prestamista es, al mismo tiempo, una radiografía sobre la marginalidad: el ir y venir, ante la indiferencia de Nazerman tras el mostrador, de variopintos personajes de diferente pelaje y condición atrapados en la miseria. Unos empeñan sus modestos enseres, otros objetos producto del hurto, incluso los habrá que huyen de la soledad, caso del anciano Mr. Smith, que sólo busca un rato de charla, de compañía.


La música
Por encargo del propio Lumet, El prestamista marca el inicio de la carrera de Quincy Jones como compositor cinematográfico, quien además, contó para la banda sonora con solistas de la talla de Freddie Hubbard, J. J. Johnson, Oliver Nelson, Kenny Burrell o Elvin Jones, por citar algunos nombres.

Jones concibe la música partiendo de la confrontación entre presente y pasado. En otras palabras, el viejo mundo, lo que representa el prestamista, a través de conceptos orquestales en la línea de la composición fílmica tradicional, frente a los nuevos tiempos, es decir, la vida de los otros, los que rodean a Nazerman, en las que utiliza estructuras del hard bop.

En lo concerniente al pasado se hallan las escenas correspondientes a los recuerdos del protagonista para las que Jones elabora estructuras casi abstractas, con predominio de las cuerdas. Si la composición para la remembranza que abre la película es una sinuosa melodía de una flauta apoyada por una arquitectura armónica que traza la sección de cuerda; en la evocación previa al atraco, la música se tornará mas progresiva: es decir, compases de notas alargadas terminando cada uno con un acorde seco de piano. Asi, durante la evolución de la misma, Jones va introduciendo elementos asonantes: redobles de batería o pequeñas escalas de notas aisladas de contrabajo, que coincidirán con el comienzo del robo. Más melódicos, sin embargo, serán los momentos de aislamiento del protagonista, como el de su paseo nocturno que concluye al amanecer, en la casa de Marilyn Birchfield (Geraldine Fitzgerald) una mujer devorada por la soledad que en anteriores ocasiones intenta acercarse al prestamista sin éxito alguno. Una vez más, la sección de cuerda va trazando las directrices de la cadencia principal en tempo lento, con alternancias de los vientos, que en momentos concretos, acordes secos de las notas agudas a modo de tañidos de campana, subrayan la lenta concienciación de Mazerman.

Sin embargo, los temas jazzísticos estarán presentes en las escenas correspondientes a los restantes personajes, sobre todo en las escenas de los jóvenes delincuentes y del propio Ortiz. Aunque en el citado inicio de la película, en el que Nazerman conduce rumbo a su negocio, va acompañado por el tema Harlem Drive: la sección de cuerda traza la melodía principal seguido de notas de contrabajo y piano, que posteriormente dan pie al fraseo principal de los vientos. Es decir, el intervalo entre el pasado y la vida acomodada de su cuñada y su gris realidad del presente hacia la que se dirige. O bien el titulado The naked Truth un brillante blues en el que el piano dibuja el motivo principal en la escena del encuentro en una habitación entre Ortiz y su chica, una mujer de color que ejerce la prostitución bajo las órdenes de Rodriguez, y en la que el joven ayudante le manifiesta su deseo de montar su propio negocio. Secuencia que Lumet contrasta magistralmente, a través de un montaje paralelo, con los silencios de Nazerman y la viuda en la casa de ésta.


Banda sonora que da un giro en la excelente secuencia final del atraco en la que Jones va transformando paulatinamente el lenguaje orquestal en arquitectura jazzística. Bajo el título de Death scene, sobre la sobrecogedora cadencia orquestal se van superponiéndose fraseos de trompeta apoyados por el bajo y la batería. Explosión de swing que llegará a su culmen en los créditos finales, cuando Nazerman, conmocionado por los acontecimientos, se aleja de su tienda. Los vientos de Hubbard, Ortega, Nelson y Dodgion esbozan un trepidante diálogo acentuando la mutación de un hombre que ha tomado conciencia de su existencia. Nazerman acaba de regresar al mundo de los seres vivos.

CARLOS TEJEDA
(1) Artículo publicado en la revista CUADERNOS DE JAZZ, nº 104, enero/febrero de 2008, pp. 48-50.

NOTAS PIE DE PÁGINA
(2) Reputación que consolidará al llevar al cine obras de dramaturgos de la talla de Tennessee Williams -Piel de serpiente (The fugitive kind, 1960) con Marlon Brando, Joanne Woodward y Anna Magnani-; Arthur Miller -Panorama desde el puente (A view from the bridge, 1962) con Raf Vallone-; Eugene O´Neill -Larga jornada hacia la noche (Long Day's Journey Into Night, 1962) con Katharine Hepburn encabezando el reparto- o Chejov -La gaviota (The sea gull, 1968) interpretada por James Mason y Vanessa Redgrave-.

(3) Lumet ha firmado otros destacados títulos como: Punto límite (Fail safe, 1964), The hill (1965), Sérpico (Sérpico, 1973), Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, 1974), Tarde de perros (Dog day afternoon, 1975), Network, un mundo implacable (Network, 1976), Equus (Equus, 1977) o Veredicto final (The veredict, 1982).

FICHA TÉCNICA
Dirección: Sydney Lumet.
Producida por: Roger Lewis y Philip Langner.
Guión: Morton Fine y David Friedkin basados en la novela de Edward Lewis Wallant. Fotografía: Boris Kaufman (B/N).
Música: Quincy Jones.
Montaje: Ralph Rosenblum.
Dirección Artística: Richard Sylbert.
Reparto: Rod Steiger (Sol Nazerman), Geraldine Fitzgerald (Marilyn Birchfield), Brock Peters (Rodríguez), Jaime Sánchez (Jesús Ortiz), Thelma Oliver (chica de Ortiz), Marketa Kimbrell (Tessie), Baruch Lumet (Mendel), Juano Hernandez (Mr. Smith), Linda Geiser (Ruth), Nancy R. Pollock (Bertha), Raymond St. Jacques (Tangee), John McCurry (Buck), Warren Finnerty (Savarese), Charles Dierkop (Robinson).

MÚSICOS
Freddie Hubbard (tp), J. J. Johnson (tb), Anthony Ortega (ss), Oliver Nelson (st, sa), Jerry Dodgion (sa), Don Elliot (vb), Bobby Scott (p), Kenny Burrell (g), Tommy Williams (b), Elvin Jones (d), Ed Shaughnessy (perc).