EL CINE DE NUESTROS ABUELOS (1)

En el último Seminario de Archivos Fílmicos que tuvo lugar en la Coruña entre el 15 y 17 del pasado noviembre, hubo una proyección parcial de algunas de las películas pertenecientes a la colección particular de Antonino Sagarmínaga (1846-1924), uno de los pioneros del cine español. Ésta está compuesta por algo más de un centenar de filmes rodados en el período que abarca de 1896 a 1906, y que actualmente se está restaurando en la Filmoteca Española, institución que tiene prevista su exhibición al público, junto con la edición de un libro y un DVD, en primavera.

No hay demasiadas referencias biográficas de Antonino Sagarmínaga, salvo apenas un diario depositado en el Museo Histórico de Bilbao y unos pocos documentos que reflejan sus compras de materiales relacionados con el campo cinematográfico. El citado diario recoge sus experiencias bélicas, entre ellas su participación en el segundo asedio a la ciudad de Bilbao durante la guerra carlista. Al acabar la contienda se sabe que trabajó en el mundo de la explotación de minas. Paralelamente, Sagarmínaga sintió una enorme atracción por las artes así como por todo tipo de curiosidades científicas y técnicas. A lo que se sumó, su gran interés por la magia y el ilusionismo que le llevó a mantener un intercambio epistolar con diversos magos de la época, entre los que se encontraba el célebre Houdini.

Aparatos ópticos
Su fervor por los espectáculos de ilusión óptica le empuja a una paulatina adquisición de aparatos. De hecho se conservan facturas que atestiguan que, por ejemplo, en 1883 adquiere diversos artilugios a la casa británica Steward, entre ellos, una linterna mágica, cuyas exhibiciones, a veces en público o en privado, tuvieron enorme éxito durante la segunda mitad del siglo XIX. Estos aparatos ópticos proyectaban, en un principio, vistas pintadas a mano sobre pequeñas y frágiles placas de vidrio que recogían, desde breves sketches caricaturescos hasta transformaciones de paisajes y episodios con figuras imaginarias, entre otros temas. Más tarde, con la llegada de la fotografía se sustituirán las imágenes pintadas por las fotográficas. Placas que Sagarmínaga también recopiló -muchas de ellas conservadas en la Filmoteca Española- y que luego proyectó en sesiones domésticas entre sus conocidos.

El pionero vasco se iniciará como fotógrafo amateur, a la vez que irá contactando con personalidades del incipiente mundo cinematográfico con el fin de conseguir determinadas piezas. Entre ellos estaba León Gaumont, uno de los primeros magnates del cine. El productor francés le envía en 1897, entre otras piezas, tiras cronofotográficas de Georges Demenÿ, estrecho colaborador de Etienne Jules Marey, el creador del fusil fotográfico y uno de los padres de la cronofotografía –imágenes fotográficas secuenciadas-.

Sistema Edison
Poco después de la llegada del cine a España, en octubre de 1897, Sagarmínaga adquiere un primer proyector, el Royal Biograph de los franceses Joly y Normandin. Es un aparato técnicamente bien diseñado que utiliza un formato para las películas de cinco perforaciones por fotograma. Pero el infortunio hace que este artilugio esté implicado en el trágico incendio del Bazar de la Charité, el 4 de mayo de 1897. Razón por la cual se detiene su fabricación.

A partir de 1899, Sagarmínaga cambia de formato y compra películas del sistema Edison. «No sabemos muy bien si modificó su proyector o compro otro. El que nos llegó con el resto de la colección es un modelo mucho mas tardío» apunta Camille Blot-Wellens, investigadora encargada del estudio de la colección del pionero vasco en la Filmoteca Española. A partir de ahí, además de la veintena de filmes en formato Joly-Normandin, el coleccionista añade a su muestrario algo más de un centenar de películas en formato Edison.

Al igual que los proyectores, las películas proceden en su gran mayoría de Francia. Por la cantidad de títulos adquiridos, esta colección se convierte en un importante testimonio de los inicios del cinematógrafo, permitiendo al mismo tiempo, evaluar las diferentes modificaciones técnicas a lo largo de aquellos años, la evolución de los géneros y los temas que tratan, así como, los sistemas de producción de la época.

Blot-Wellens añade que: «la primera tarea fue la identificación de todos los materiales. Materiales que muchas veces carecían de rótulos o indicaciones de la productora. Por lo que los tuvimos que examinar detenidamente, fijarnos en sus características técnicas e ir a la búsqueda de información en los documentos de la época». Fue una tarea larga que requirió numerosas estancias en las bibliotecas españolas y extranjeras. «Es muy arriesgado hablar de nacionalidad del cine en este momento. El cine no tiene fronteras que no sean económicas, porque en los catálogos de las grandes productoras, encontramos títulos filmados por "corresponsales" o "depositarios" de todos los rincones del planeta», apunta. Sólo los Lumière crearon un sistema de producción más centralizado, las demás productoras trabajaban con contactos en otros países».

Boda real
En la colección de Sagarmínaga se encuentran títulos, por citar algunos, como Hallebardiers de la reine (Alabarderos de la reina) filmada en Madrid, en junio de 1896, por el operador Promio para los hermanos Lumière; Fêtes du couronnement de S. M. Alphonse XIII. Course royale de taureaux, bautizada por el propio Sagarmínaga bajo el epígrafe de Corrida regia, fue distribuida por Gaumont y rodada también en la capital española, a finales de mayo de 1902, por un operador hispano para Antonio G. Escobar, propietario de una tienda de fotografía y productor de películas; Réception d'Alphonse XIII à Barcelone, que en las notas del citado pionero figura como Alfonso XIII en Barcelona, cuya autoría se debe a otro de los grandes precursores del cine español, Segundo de Chomón, y que rodó en abril de 1904 para la Pathé Frères; Alfonso XIII en Guadalajara registro de la visita del Rey a la aerostación de Guadalajara, el 26 de marzo de 1904, para presenciar el lanzamiento de aeróstatos; o Bodas reales (tal como figura en las anotaciones del coleccionista vasco), que es una producción de la Warwick Trading Co. datada el 31 de mayo de 1906. Uno de los valores de esta última película es que contiene las pocas imágenes que se conservan de la boda del rey con Victoria Eugenia de Battenberg justo antes del sufrir el atentado por el anarquista Mateo Morral, en la calle Mayor de Madrid.

Además, en la colección hay películas de otras temáticas diferentes como Jura de bandera y Carnaval en la Castellana, ambas filmadas en el paseo de la Castellana de Madrid; Regatas en Bilbao que podría haber sido rodada a partir de 1902, año de las primeras regatas organizadas en el Abra; o Corrida de Fuentes, que ofrece algunos momentos de la lidia celebrada en Aranjuez durante las fiestas de San Fernando, el 30 de mayo de 1903, a cargo del diestro Antonio Fuentes, como indica el titulo escrito por Sagarmínaga.

Este material puede dar una idea aproximada sobre el gusto personal del coleccionista. Muchas de ellas son vistas al aire libre -avenidas, ferrocarriles, escenas en el campo- que era, por otra parte, el genero predominante en la época de antes de 1900, es decir, cuando Sagarmínaga compró buena parte de estos metrajes. Debido a su ya mencionado gusto por la magia, le entusiasmaron las películas que mostraban escenas de transformaciones -es decir, realizadas a base de trucos y efectos- y las ficciones cómicas, géneros que, por otra parte, componen parte de ésta colección.

Camille Blot-Wellens sostiene que: «lo mas importante para nosotros es respetar la forma con la cual nos llegaron estas películas, es decir tal como estaban montadas en rollos, porque nos abren una ventana sobre la forma de ver de la época». LA Filmoteca no sólo conserva esta forma de proyectar que era la mas habitual, sino que también estudia como podían ser programadas, montadas, unidas, vistas y apreciadas. También conserva notas del coleccionista, en las cuales ha dado un titulo propio a cada película y ha apuntado comentarios sobre la calidad de las proyecciones y las reacciones de su publico. «Además esta colección nos demuestra que no podemos hablar de nacionalidad del cine en este momento, ya que películas de temática española rodadas por españoles en España aparecen en catálogos extranjeros», concluye la encargada del estudio.

Una vez más, los datos que siguen saliendo a la luz sobre este tema subrayan los tan confusos como fascinantes inicios del cinematógrafo. Una compleja amalgama en la que confluyen, en un momento dado, largos años nutridos de multitud de experiencias ópticas, de cuantiosos y variopintos artilugios de proyección, de constantes avances técnicos, de inventores de diferentes nacionalidades, superponiéndose en el tiempo, encadenándose, inspirándose los unos en los otros. Fusión que acabó convirtiéndose en séptimo arte. Ese que aún hoy en día, en una sala oscura, sigue proporcionando al espectador esa capacidad para soñar.

CARLOS TEJEDA
(1) Artículo publicado en el semanario LA CLAVE, nº 300, del 12 al 18 de enero de 2007, pp. 88-89