LOS HUNOS DE HOLLYWOOD (1)

Cuentan que, cuando Irving Thalberg, un productor de gran talento, abrió un día la puerta de su despacho, se encontró con tres individuos completamente desnudos asando patatas en la chimenea. Era la insólita protesta de los hermanos Marx por las interminables horas de espera a las que éste les sometía. Esta anécdota supuso el comienzo de una tan brillante como efímera colaboración, debido a la prematura muerte de Thalberg, que se plasmó en dos únicos filmes: Una noche en la ópera (1935) y Un día en las carreras (1937), ambas de Sam Wood. Pero también ilustra el carácter caótico e indisciplinado de los Marx en la vida real, más allá de la ficción cinematográfica. De hecho, numerosos testimonios lo ratifican, como el de Norman McLeod, que les dirigió en Pistoleros de agua dulce (1931) y Plumas de caballo (1932): «son tan irresponsables fuera como dentro de la pantalla, y hace falta alguien con mucha resistencia para mantenerlos en su sitio»; o el del operador Joseph Ruttenberg: «Nunca hacían dos secuencias del mismo modo y era imposible unir tomas diferentes. Volvían loco al director». Su original sentido del humor hizo que fuesen estandarte para algunos artistas del surrealismo como Dalí, que entabló una gran amistad con Harpo y con el que tuvo, en 1937, la idea de hacer un film con los Marx: Giraffes on horseback salade, finalmente no realizado.

Los Marx fueron cinco hermanos neoyorquinos: Leonard, Adolph, Julius, Milton y Herbert, es decir, Chico (1887-1961), Harpo (1888-1964), Groucho (1890-1977), Gummo (1897-1977) y Zeppo (1901-1979). Su padre era un desafortunado sastre judío y su madre, Minnie, se encargó de la educación artística de sus retoños, iniciándolos a muy temprana edad en el mundo del vodevil. Sus espectáculos se distinguirán por otra particularidad: la improvisación, auténtico quebradero de cabeza para directores y técnicos en sus futuros rodajes. Sobre las tablas irán prefigurando sus respectivos personajes: Groucho, puro en mano, lanzando sus delirantes verborreas, Chico, haciendo de italiano, que le sirve de réplica y, a la vez, es cómplice de las barrabasadas de Harpo, mudo en la ficción, Zeppo como el insulso galán, y Gummo, que abandonaría el grupo muy pronto. En Broadway, alcanzan gran popularidad con dos disparatadas revistas, The cocoanuts (1925) y Animal crackers (1926), que se adaptarán al cine convirtiéndose en sus dos primeros largometrajes: Los cuatro cocos (J. Stanley y R. Florey, 1929), y El conflicto de los Marx (V. Herman, 1930), respectivamente.

En sus siguientes filmes llegarán aún más lejos, con sus irreverentes ataques a instituciones como la universidad, en Plumas de caballo, o la política en Sopa de Ganso (1933), una sátira antimilitarista donde su talento para el humor de lo absurdo alcanza uno de los puntos culminantes de su carrera. El film se benefició de un veterano y paciente director, Leo McCarey, que declaró: «lo que más me sorprendió de esta película es que logré acabarla sin volverme loco». Además con este film Zeppo abandonó el grupo, cansado de su rol de hombre serio.

Gansos en la sopa
Irving Thalberg introduciría cambios en los filmes de los Marx, como la inclusión de suntuosos números musicales y una historia de amor. Una noche en la ópera será una de sus grandes películas, donde el sagrado mundo operístico es arrasado por las bufonadas de los tres hermanos. Escenas tan míticas como el camarote abarrotado de gente o el diálogo entre Groucho y Chico sobre las cláusulas de un contrato permanecen en la memoria colectiva. Y en Un día en las carreras, será el entorno de la hípica el que reciba las agresiones del trío, con hilarantes secuencias como el reconocimiento médico que soporta estoicamente la magistral Margaret Dumont. Al fallecer Thalberg, la calidad de sus filmes iría disminuyendo aunque El hotel de los líos (W. A. Seiter, 1938); Una tarde en el circo (1939), Los hermanos Marx en el Oeste (1940), ambas dirigidas por E. Buzzell; Tienda de locos (C. Riesner, 1941) y Una Noche en Casablanca (Archie L. Mayo, 1946), contienen brillantes secuencias humorísticas. Amor en conserva (D. Miller, 1950), uno de sus últimos filmes juntos, se recuerda más por la aparición de Groucho con una jovencísima Marilyn Monroe. Y Aunque por separado, los hermanos continuaron con apariciones cinematográficas y actuaciones, Groucho sería quien mantendría una mayor popularidad gracias a la televisión, que alterna con la publicación de libros como Groucho y yo o Memorias de un amante sarnoso (editadas en Tusquets).

Groucho recogió un Oscar honorífico en reconocimiento a él y sus hermanos en 1974. Y como dijo una vez: «Disculpen si les llamo caballeros pero es que no les conozco muy bien».

CARLOS TEJEDA
(1) Artículo publicado en el suplemento BLANCO Y NEGRO CULTURAL del diario ABC, nº 675, 8 de enero de 2005, pp. 42-43.