ENTREVISTA A FEDERICO LUPPI


«UNO NO ES SIEMPRE UN LECTOR SAGAZ DE GUIONES» (1)

Por Carlos Tejeda

Nacido en Ramalla (Argentina, 1936), Federico Luppi es un excelente conversador, cordial, sencillo y con un gran sentido del humor.

La primera película que hace es Pajarito Gómez (1965), de Rodolfo Kuhn.
Fue mas que una invitación a actuar en el sentido contractual del término, por que Kuhn era habitual en una casa en que yo vivía, era muy amigo del dueño del dueño, que era escritor. El sabía que yo hacía teatro y me dio un pequeño papel. Pero mi debut, desde el punto de vista de la concepción de lo que era debutar en cine o hacer un papel, fue con una película llamada El romance de Aniceto y Francisca de Leonardo Favio, un film que si lo pudieran ver aquí, constatarían que es una pequeña obra maestra. Es una película, exagerando la concepción casi antropológica.

Después trabaja con directores de la talla de Raúl de la Torre o Héctor Oliveira.
Era un momento en Argentina en el que había una intensa actividad cinematográfica, un poco porque el país estaba con cierta estabilidad económica, no institucional. Los actores teníamos bastante trabajo porque se filmaba mucho y además se daba un gran impulso a los festivales, y tanto Oliveira, como De la Torre habían conseguido tres o cuatro éxitos importantes verdaderamente importantes.

Viene por primera vez a España en 1978.
Sí, con una compañía argentina y con una obra llamada El gran deschave. Estuvimos en Madrid casi un año. Pero ese año fue importante para mi, porque mientras en Argentina se cernía una noche negrísima de dictadura, una de las mas feroces de Occidente, en España se estaba en plena transición.

Tiempo de revancha (1981) es el inicio de su colaboración con Adolfo Aristarain: luego prosigue con títulos como Un lugar en el mundo (1992), Martín (Hache) (1997), que le vale la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián o Lugares comunes (2002).
Después de la dictadura, hubo ocho años en que tanto la cultura en general como el cine en particular quedaron muy paralizados. Era imposible, por razones dinámicas de la dictadura, hacer algo vivo, creíble y atractivo que tuviese vigencia emotiva con la gente. Por suerte apareció gente como Aristarain, el propio De La Torre, Oliveira, cineastas que empiezan a ver que el cine debería despojarse de esas condiciones mensajeras, esloganistas y ser un cine mas emotivo, mas profundo respecto de la descripción de lo real y unido a una vivencia mas existencial, menos ideologizada. Aristarain es el más interesante por que. al ser joven en ese momento, tenía una concepción del cine mucho mas, voy a decirlo redundantemente, cinematográfica.

Luego regresa a nuestro país para rodar La vieja música (1985) de Mario Camus, su primera película española.
Para mi, La vieja música es una película entrañable por que tema que toca es el de un famoso uruguayo exiliado que simula un oficio que no tiene para poder subsistir y después por la oportunidad que me dio de oír y ver trabajar a Mario.

En 1992, adentrándose en el género fantástico, rueda Cronos con Guillermo del Toro con quien repite en El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006), a apunto de estrenarse.
En Argentina no había tradición de cine fantástico, y de hecho, no la hay todavía. Ese concepto de realismo aparece, por citarte una fecha, con García Márquez. Es un poco el que rompe la consigna realista y crea una fantasía universal mucho mas imaginativa. Guillermo es un director dotado con ese toque creativo que no es tan fácil definir, un sentido del relato que rompe todo tipo de barreras puramente racionalistas.

También trabaja en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995) primer filme de Agustín Díaz Yánez, que acaba de estrenar Alatriste.
No es ningún descubrimiento decir que era un guión espectacularmente vigoroso. Y después con la novedad para mi de esta especie de asesino a sueldo con rasgos míticos bastantes extraños en un asesino. Y luego la enfermedad de su hija, la bronca con Dios, como le dice su jefa del clan asesino. Es un personaje precioso del cual me siento orgulloso.

Otro de sus papeles notorios fue el del director teatral de Éxtasis (1996) de Mariano Barroso.
Me gusto mucho esa película, A veces uno lee un guión y vamos... la presión externa siempre está presente: por que hay poco trabajo, o porque te falta dinero, o porque se tiene miedo al mañana, o por lo que uno fue, a veces elige sin demasiado rumbo intelectual. Pero este guión era realmente bueno, como el papel de ese cómico que ya empezaba a descender la cuesta de sus horas de gloria. Y también había un lenguaje de cine muy moderno y nada convencional.

John Sayles es uno de los directores mas interesantes del cine independiente norteamericano con el que ha tenido la ocasión de trabajar en Hombres armados (1997).
Lo sorprendente de Sayles es que es un cineasta sumamente particular con una visión del mundo entre muy indagativamente poética y a la vez, insisto, nada convencional. Y también es un hombre que conoce muy profundamente el mundo hispano parlante. Conocía mucho de España. Habla bien el castellano. No es el típico yanqui que uno tiene dibujado en su cabeza, sino un individuo con una visión ampliamente humanística del mundo en que vivía.

En Divertimento (2000) de José García Hernández trabajó con Francisco Rabal.
Voy ha hacerle una confesión: cuando leí el guión no entendí demasiado bien las precisiones y los límites de la historia. Uno no siempre es un lector sagaz de guiones. Pero, honestamente, lo que me decidió a aceptarlo fue la presencia de Paco. Tenía una memoria prodigiosa y era un conversador infatigable y muy agudo. Para mí fue una especie de premio, aparte de haber hecho el filme. Una experiencia hermosa.

Ahora está a punto de estrenarse La distancia la primera película de Iñaki Dorronsoro donde interpreta el papel de un entrenador de boxeo.
Cuando me dio el guión me pareció una historia fascinante. Su propio devenir en los últimos años es muy atractivo por que ha estado diez años con el guión bajo del brazo. Está muy bien hecha, con criterio, y me gustaba el personaje porque, primero, tenía que ver con mi edad y, segundo, porque también era un poco sentirse parte de la vieja tradición de los managers de boxeo como Burgess Meredith o Clint Eastwood, viejos y cansados, un poco cabrones, irritables, cascarrabias, paternalistas y a la vez bondadosos. Quería decirle, porque nunca se dice, que en la película hay dos trabajos destacables: el del fotógrafo y el del director de arte. Como siempre hablamos de los actores y del director, olvidamos al resto del equipo, que trabaja con la misma intensidad.

En 2005 rueda su primera película como director Pasos. ¿Como fue esta experiencia?.
Fabulosa. En cuanto al resultado... me pegaron más que en la guerra de Kosovo (risas). La película tenia que ver una cosa que todavía hoy crea ciertos resquemores. Así como justifico honda y plenamente la Transición, también me quedé con esta especie de interrogante que es cómo después de una dictadura tan feroz y tan larga no hubo un solo encausado, un solo enjuiciado, un solo denunciado. Inclusive en el golpe de estado de Tejero. Y en la película manifiesto todo eso entre líneas. Me dio la impresión, más allá de los defectos fílmicos, que eso no gusta a nadie e irritó bastante, inclusive a la progresía.

A pesar de todo, ¿se pondrá de nuevo tras la cámara?.
La verdad es que tengo un par de guiones que me gustaría mucho llevar a cabo, pero retomar un proyecto después de un fracaso es algo más que difícil.

CARLOS TEJEDA
(1) Entrevista publicada en el suplemento cultural ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS del diario ABC, nº 763, semana del 16 al 22 de septiembre de 2006, pp. 50-51.