LA OTRA CARA DE NEW YORK (1)
Contra el imperio de la droga (French Connection, William Friedkin, 1971)

Un Lincoln negro es, en cierto modo, la clave de la trama. De Marsella a New York. Y después el viaje de vuelta, cuando el automóvil oculta ya la droga. Pero también es la prueba que verifica la intuiciónde "Popeye" Doyle, tantas veces desechada por sus superiores. Intenso relato que, enfatizado por la excelente música de Don Ellis, retrata las entrañas de un laberinto urbano impregnado por esa sensación de que el sueño americano se quedó para muchos en eso, en tan sólo un sueño.

Tras un sólido bagaje televisivo, la discreción a la que parecía abocada la carrera cinematográfica de William Friedkin dio un giro insospechado cuando rodó Contra el imperio de la droga (French Connection, 1971), éxito incrementado al ser galardonada la cinta con los Oscar, a la mejor película y al mejor Director. Y aunque rodó otros notorios títulos como El exorcista (The exorcist, 1973) o A la caza (Cruising, 1980) lo cierto es que éstas no llegaron a la altura narrativa de aquella.

Además, The French connection pertenece a ese grupo de títulos, entre los que se halla Harry el sucio (Dirty Harry, Don Siegel 1971), que dieron un giro conceptual al thriller clásico a partir de la década de los setenta. Películas rodadas en escenarios tan sórdidos como reales, y en las que los transeúntes, sin advertirlo si quiera, se convierten en extras ocasionales. Films que en cierta manera retratan las sombras del sueño americano: los oscuros tugurios, las desoladoras estaciones suburbanas y calles en las que un graffiti sobre alguna que otra pared desconchada es la única nota de color entre edificios abandonados, podredumbre y cúmulos de basura. Y por las que deambulan seres marginales, inadaptados o simples perdedores que sobreviven a golpe de pequeños trapicheos. Entorno cuyo difuso límite está mucho más cercano a las zonas prósperas de lo que se piensa, como atestiguan las imágenes del largometraje de Friedkin.

Pero también la representación de los propios arquetipos de los policías: individuos corrientes, con mal carácter, de aspecto desaliñado y desafiantes ante una anquilosada burocracia que tan sólo es capaz de crear más obstáculos. Seres, por lo general, solitarios y entregados a su oficio, pues en ellos pervive aún el resquicio del cumplimiento de la ley. Aunque en muchas ocasiones los métodos empleados vayan más allá de la frontera legal.


Malas calles...
En esta tesitura se mueve Jimmy “Popeye” Doyle (Gene Hackman), un policía cuya implicación en el trabajo llena hasta sus horas libres. Como ese día en el que, tras acabar la jornada laboral, percibe desde la barra de un bar y junto a su compañero Buddy Russo (Roy Scheider), la sospechosa generosidad que un individuo bien trajeado manifiesta a los acompañantes que le rodean, algunos de ellos fichados por la policía. Deciden seguirle hasta que, al amanecer, averiguan que su nombre es Sal Boca (Tony LoBianco) y que regenta con su mujer un modesto bar, tapadera de negocios dudosos. Esos que llevarán a la pareja de policías hasta Alain Chenier (Fernando Rey), un elegante hombre de negocios marsellés dedicado al tráfico de estupefacientes, quien acabará convirtiéndose en la obsesiva presa de caza para Doyle.

The French Connection es la adaptación de la novela del periodista Robin Moore que se basó a su vez en un hecho verídico sucedido a principios de los años sesenta en la ciudad de Nueva York. Además, los personajes de Hackman y Schreider, estaban inspirados en los dos policías que resolvieron aquel caso y cuyos nombres reales eran Eddie “Popeye” Egan y Sonny “Cludy” Grosso, que gozaron de cierta popularidad en la época debido a ese asunto y a sus particulares métodos de investigación, como muestra el inicio de la película: camuflados uno como Santa Claus y otro como vendedor de un pequeño puesto de bocadillos, vigilan un local con la intención de capturar a un traficante.

Rodada cámara en mano y concebida a través de las estrategias del cine documental, el objetivo se convierte en testigo de las sucesivas actuaciones policiales. A veces desde cierta distancia, caso de la excelente secuencia del seguimiento a Chenier por las calles de Manhattan. Otras a modo de cámara oculta que se introduce en locales registrando una acción de requisamiento de droga, como esa que sirve de pretexto a "Popeye" para camuflar un encuentro con el soplón de turno. Trama, por otro lado, dotada de un vibrante ritmo gracias a un impecable montaje que alcanza niveles mayores en secuencias como la implacable persecución de "Popeye" tras un secuaz de Chenier, primero a pie y después en automóvil, bajo los pilares de acero que sostienen las vías por las que circula el metropolitano.

...para una banda sonora
La banda sonora verifica una vez más la injusta penumbra en la que navega la figura de Don Ellis (1934-1978), uno de los experimentadores más originales de la escena jazzística americana. Un músico de impecable formación, pues a sus estudios musicales en la Boston University se unió un sólido bagaje como miembro de diferentes big bands, entre ellas la de Charlie Barnett, Lionel Hampton o Woody Herman por citar alguna, además de sus colaboraciones en grabaciones de músicos de la talla de Charles Mingus, Maynard Ferguson o Eric Dolphy. 

Su interés por otras músicas le llevó a crear en 1965 el Hindustani Jazz Sextet con Hari Har Rao en el Sitar, aunque tampoco eludió otros itinerarios sonoros provenientes de la música sinfónica, el rock o la propia vanguardia. De hecho sus colaboraciones abarcan terrenos tan diferentes como la grabación, junto a Leonard Bernstein y la Filarmónica de New York, de la pieza Improvisations for orchestra and jazz soloists compuesta por Larry Austin(2), o su participación en Absolutely free(1967)de Frank Zappa y sus Mothers of invention.

Espíritu que se manifiesta en su trayectoria discográfica, desde sus primeros álbumes en forma de trío -Out of Nowhere (1961) con Steve Swallow y Paul Bley-, cuarteto -How Times Passes (1960) con Jaki Byard, Ron Carter y Charles Persip-, o quinteto -New Ideas (1961) de nuevo con Byard, Carter y Persip, o Essence (1962) en el que repite con Paul Bley y son secundados por Gary Peacock, Gene Stone y Nick Martinis-; hasta llegar a sus formaciones orquestales, Live at Monterrey (1966), Electric Bath (1967), Autumn (1968) o Don Ellis at Filmore (1970), por citar alguno de los más destacados.

Sea como fuere, Ellis concibió para French connection una sorprendente partitura que puso de manifiesto su gran talento como compositor de bandas sonoras a pesar de sus escasas incursiones en el terreno del cine(3). Fragmentos armónicos que se integran a la perfección con los propios sonidos de la urbe creando un sinfín de tesituras casi cercanas a las propuestas vanguardistas de John Cage. De ahí la dificultad de quienes han contemplado el film para recordarla. Pero una detenida escucha de la misma(4) pondrá al descubierto la enorme riqueza de ideas que se agitaban en la cabeza de Ellis.

Estructuras salpicadas de free jazz, como cuando usa varios contrabajos que con los arcos trazan notas alargadas que rozan el minimalismo en Stalkin out Sal, o casi hirientes subrayadas por los vientos en The shot, o sobre los mismos, una melodía disonante trazada por la trompeta en los créditos finales (End title); o las notas estiradas de los metales, casi como gritos, en Rocker panels; hasta melodías sostenidas en arquitecturas tradicionales caso del sufriente Popeye's Blues con la trompeta como instrumento solista, al igual que las tituladas Lincoln Blue o Chanier; o The car, en donde una estructura clásica orquestal es rota por arpegios aislados y disonantes de guitarra eléctrica. Además de otras piezas colindantes con el espíritu del rock pero sin abandonar la tesitura experimental como sucede en Hotel Chase, This is it, Au revoir, o el contundente Main theme que acompaña a los créditos iniciales.

Tan solo una muestra más de una carrera tan breve como intensa, que se quebró demasiado pronto a causa de un infarto.

CARLOS TEJEDA
(1) Artículo publicado en la revista CUADERNOS DE JAZZ nº 112, Mayo/Junio de 2009, pp. 47-51.

NOTAS
(2) Incluida en un disco de difícil localización llamado Leonard Berstein conducts music for our time (1965) con Barre Phillips (b), Joe Cocuzzo (bat) y la New York Philarmonic y editado por el sello Columbia MS 6733. La grabación incluye otras piezas como Atmospheres de Giorgi Ligeti o Out of “last pieces” de Morton Feldman.

(3) Ellis compuso escasas bandas sonoras para el cine, apenas una decena. Aparte de los dos French Connection, puso música a Los implacables, patrulla especial (The seven up, Philip D’Antoni, 1973) otro notable policiaco cuyo reparto encabezaron Roy Scheider y Tony LoBianco; el resto de su filmografía son títulos más discretos como Luna cero dos (Moon zero two, Roy Ward Baker, 1969), Kansas City bomber (Jerrold Freeman, 1972) protagonizada por Raquel Welch, Ruby (Curtis Harrington, 1977) o The Ransom (Richard Compton, 1977).

(4) Editada en CD, en el sello FSM (Film Score Monthly). Esa misma casa ha publicado la música de French Conecction II (John Frankenheimer, 1975). Más información: www.filmscoremonthly.com.

FICHA TÉCNICA
Contra el imperio de la droga (French Connection, 1971)
Director: William Friedkin.
Productor: Philip D’Antoni.
Guión: Ernest Tidyman a partir de la novela de Robin Moore.
Fotografía: Owen Roizman.
Música: Don Ellis.
Montaje: Gerry Greenberg.
Intérpretes: Gene Hackman (Jimmy “Popeye” Doyle), Roy Scheider (Buddy Russo), Fernando Rey (Alain Chenier), Tony Lobianco (Sal Bocca), Marcel Bozzuffi (Pierre Nicoli), Fréderic de Pasquale (Deveraux), Hill Hickman (Mulderig), Ann Rebbot (Marie Charnier), Harold Gary (Weinstock), Hedí Egan (Simonson).